Hoy traigo a FFvinilo el debut de una de las bandas más underground del progresivo americano pero a la vez con cierta fama (por ser de las pocas bandas puramente progresivas en América en ese año), mi album favorito de ellos es realmente el segundo en el que se ve un mítico dinosaurio volador en la portada, lo traje a mi blog where buffalo roam hace mucho, no se si tienen más elepés, pero este, su debut me lo encontré en una tienda de vinilos que ya no existe y lo compré. este a diferencia del segundo no es conceptual y a mi modo de ver no es tan bueno pero es una buena obra de Jazz Rock muy progresivo y sinfónico con algún ligero matiz de heavy prog pero sin tanta musicalidad como la del segundo album que se centra en la obra de Julio Verne ''viaje al centro de la tierra''. Este debut es más bien una presentación de la banda, una presentación de El Rebaño y sus muchachos que son casi por su número una pequeña orquesta.
Mi canal es vuestro canal, se podría considerar
un canal de FFvinilo muchos de nuestros discos
van a parar aquí ripeados!
La banda fue formada en 1966 en Illinois firmando su primer contrato con Columbia en el '68; El gris oscuro de su portada así como las letras en forma de bloque si bien algo psicodelicas lo que más nos están reflejando es la sociedad americana del momento y una crítica a la política conservadora del momento con el tema de la guerra fría y la autoesdestrucción, lo cierto es que era un miedo más real y legitimo el que los estados metían a sus ciudadanos con eso, pero igualmente, al igual que ahora era otra excusa para hacer que los ciudadanos creyesen en la autoridad. Tenía este disco porai desde 2016 pero me he acordado de él ahora porque estoy con el tema de los dinosaurios haciendo maquetas. Entre los miembros de la formación podemos encontrar al que fue futuro violinista de la Mahavishnu Orchestra en 1971, Jerry Goodman. El disco se cierra con un blues jazzero/progresivo de 15 minutos llamado ''Verdad'' bastante bueno, ya le digo el disco no es precisamente un easy listening ni tiene demasiada musicalidad es para oídos duros pero es bueno. Es una música futurista de los años 30s, el disco satura bastante en algunos momentos pero es una saturación analógica.
Tanto el estilo como las portadas y temáticas me recuerdan mucho a la banda progresiva británica Quatermass de 1970 formada tras la disolución de los míticos Fat Mattress (de la que estoy escribiendo un libro jaja).
Side One
"Introduction" – 4:50
"Clown" – 7:42
"I Am the Tall Tree" – 5:37
"Tired of Waiting" – (Ray Davies) – 4:35
Side Two
"Store Bought - Store Thought" – 7:00
"Truth" – 15:25
⚡⚡⚡⚡⚡⚡ (first two albms) cd, if you specially want LP rip put in the comments
Respecto al elepé diría que es difícil de conseguir pero lo cierto es que lo he visto mucho y se editaron en España, incluso llegué a ver el segundo por 12€ en una feria pero lo dejé escapar porque pesaba más la primera edición del Cricklewood Green de los TyA jaja. Este me costó unos 16€ primera edición.
¿Puede un álbum imprescindible pasar desapercibido, caer en el olvido de cualquier lista "best of" de su género, perderse en las estanterías cogiendo polvo? Sucede muchas veces y todos tenemos vinilos que adoramos, que defendemos a muerte, que consideramos necesarios en su estilo, pero que el mundanal mundo ignora. Y eso me sucede con Metal Church y su Blessing in disguise. Un disco (casi) perfecto de principio a fin, un álbum que combina como pocos el heavy metal y el thrash de los ochenta.
La banda había sido formada por el guitarrista Kurdt Vanderhoof en 1980; Metal Church era el apodo de su apartamento en San Francisco. No fue hasta 1984 cuando editaron su debut con Elektra Records y dos años después un fantástico The Dark. Con la atención del género y cierto éxito underground, Vanderhoof decide dejar su propia banda al mismo tiempo que el cantante David Wayne abandona la formación. Vanderhoof mantiene la colaboración con sus excolegas, compone la mayoría de los cortes de Blessing in disguise, toca algunas guitarras, se convierte, de algún modo, en músico de sesión para Metal Church. Su labor guitarrera la suple John Marshall, técnico de guitarras de Metallica. Para las voces se ficha Mike Howe, conocido del propio Vanderhoof. El resto de la banda permanece en el tajo: Craig Wells a las guitarras y segundo compositor, Duke Erickson al bajo y Kirk Arrington a la batería. Con esta original reunión se ponen a las órdenes de Terry Date, el mismo que se haría amo del metal de principios de los noventa con su labor para Pantera, Overkill y Soundgarden, entre otros.
El sonido deriva de las bases más thrash hacia un heavy metal americano con elaboradas melodías, riffs brutales, aunque con ese poso de la Bay Arena adornándolo todo. Suenan en ocasiones en la liga de Queensryche o Crimson Glory más que en la de Metallica o Exodus, como intentando dar su salto mortal a la primera línea comercial. Pero, obviamente, no lo consiguieron. El disco alcanzó el puesto 75 de ventas unos meses después de su edición y la banda giró con WASP, Fair Warning, Saxon o Metallica durante aquel año; ambos hechos fueron un éxito para unos tipos que venían de los callejones del metal, pero no lo suficiente para que se renovara su contrato con Elektra.
El álbum posee varios momentos cumbre. La inicial Fake healer tiene un poderoso y original riff con una mordaz crítica al sistema sanitario de las aseguradoras, a los falsos curanderos que lo único que quieren es tu número de cuenta; intenso, vibrante. Los nueve minutos de Anthem to the estranged resultan hipnóticos: esa introducción acústica que da espíritu al tema y se repite de manera puntual, va engordando con la plegaria del hombre que lo ha perdido todo después de estar en la cumbre y que repite como un mantra "all alone again". Howe canta con maestría y pasa de voces desgarradas a otras más melodiosas sin inmutarse. Del lado más duro suena Spell can't be broken, fantástica, contundente batería y ese juego de guitarras, de lo mejor del álbum, con un pasaje central más suave para romper de nuevo cerrando el tema. Otra de mis favoritas ahonda en el contraste sonoro entre pasajes suaves y tralla metalera desenredando una gran línea melódica: Badlands, el hombre perdido en el páramo emocional ("will these lonely nights ever end?/will I live to see my journey's end?") con un espíritu incombustible y renegando de su destino.
Rest in pieces está dedicada al hundimiento del Titanic, con cierto dramatismo calculado en la voz de Howe y apoyado por la intensidad de la música (¿alguien conoce alguna otra canción dedicada al famoso crucero?). También de temática original es Of unsound mind, basada en "El corazón delator" de Edgar Allan Poe, única letra de John Marshall; brutal riff, batería con el doble bombo a toda tralla y un puntito speed. En esa misma línea, con más cambios, Cannot tell a lie recuerda de dónde vienen estos tíos, criticando el engaño del poder "hail to govermment/ hail to liberty/hail to God above/hail to me/no more war, all the peace/I am the solution to what this nation needs". El corazón más heavy metal, sin embargo, late en The powers that be, casi un rollo NWOBHM, con una melodía muy trabajada, y en la instrumental It's a secret, magnífica composición, compleja, acelerada.
Un discazo, vaya, que deberías escuchar si no lo has hecho aún y aunque no tengas ni idea de quienes son estos tipos. Y si ya los conoces, dale al play un rato.
Corría el año 1989, quizá 1990. Yo era una adolescente, y ya llevaba algunos años escuchando a Springsteen. El primer disco que escuché de él (y compré) fue “Tunnel Of Love”, el siguiente fue “Born In The USA” y la secuencia lógica hubiera sido que me hubiera hecho con “The River”, “ o “Born to Run”, pero no. Aquella tarde en Madrid Rock, decidí comprar el disco que traigo hoy. Ni siquiera lo había escuchado (ya sabéis, no había YouTube, ni Spotify) y el disco era de hacía algunos años ya, de 1982. Me llamó la atención su portada, su sobriedad, y no sé por qué motivo, por alguna fuerza del espacio exterior, me lo llevé a casa. Lo puse en el tocadiscos y cuando empezó a sonar el primer corte, “Nebraska” sentí el escalofrío, sentí que había hecho bien en traérmelo, y me encantó su oscuridad, sus guitarras acústicas y su armónica. En definitiva, me volví fan de “Nebraska”, pero cuando me puse a buscar información sobre él vi que mi entusiasmo no era compartido.
Antes de nada, feliz día vinílico un viernes más. Después de Eye of the tiger (visto aquí) y antes del inmenso Vital signs –otro de los que busco incansablemente por tiendas y ferias en buen estado y a buen precio–, los Survivor de Dave Bickler grabaron este más que decente Caught in the game que por estar emparedado temporalmente entre las dos joyas mencionadas no ha recibido la atención que merece. Así que, con mi copia alemana en las manos, me dispongo a comentaros un poco la obra en cuestión.
Se trata del último disco grabado por el mencionado Bickler a las voces, acompañado por la formación clásica compuesta por Jim Peterik a los teclados y coros, Frankie Sullivan a la guitarra y coros, Marc Droubay a la batería y Stephan Ellis al bajo, con el aporte de músicos como Daryl Dragon de los Captain & Tennille a los teclados o Richard Page y Kevin Cronin a los teclados.
Grabado en los Rumbo recorders con Sullivan a los mandos asistido por Peterik, la portada es una ilustración de Kurt Triffet y el track list el que sigue:
A
Caught in the game
Jackie don’t go
I never stopped loving you
It doesn’t have to be this way
Ready for the real thing
B
Half-life
What do you really think?
Slander
Santa Ana winds
El álbum se inicia con el tema que le da título, un Caught in the game pegadizo con un estupendo solo. Un hard rock alegre, simple y de fácil escucha. Le sigue el que a mi me parece el temazo del disco, ese Jackie don’t go cargado de coros que pese a su poca complicación, me tiene enamorado. Con I never stopped loving you llega el megabaladón, otro hard melódico marca de la casa al que tampoco se hizo justicia por culpa de la alargada sombra de Eye of the tiger. Los guitarrazos regresan con It doesn’t have to be this way, otra canción en la que Sullivan se luce. Y esta estupenda y notable cara finaliza con Ready for the real thing, un medio tiempo que para mi gusto no destaca especialmente aunque sigue la tónica habital en cuanto a sonido Survivor, por lo que calidad no le falta.
La cara B comienza con el sintetizador que abre Half-life, un hard rock con toques synth pop al que yo hubiese adornado con más coros para darle al estribillo mayor gandilocuencia. En ese aspecto me parece que al tema le falta un “algo”. Pese a todo, Sullivan se luce. What do you really think? es otro tema dotado de la calidad habitual, pero que en mi opinión tampoco destaca por nada especial. La cosa se arregla con la más guitarrera Slander, a la que podemos perdonar que la base rítmica se la autocopien de la de Eye of the tiger, en la que Sullivan se explaya. Santa Ana winds pone fin al álbum iniciándose de manera intimista con el piano de Peterik y la voz de Bickler en lo que sería su despedida, una balada que conforme avanza va tomando más fuerza emotiva con los arreglos de guitarra.
En resumen, una colección de buenas canciones que no tuvieron el éxito comercial esperado pero que sería un error calificar de fracaso musical. Si os gusta la banda y el hard rock melódico pero no conocéis este disco, dadle una escucha con atención. No os defraudará, ya veréis.
Estamos ante uno de los discos en directo más grandes que se han grabado jamás. También ante uno de los intérpretes más virtuosos y con más alma que han tocado el instrumento de las seis cuerdas. Pocos hicieron hablar y llorar a la guitarra como Gary Moore. Pocos la hicieron expresarse igual de bien tocando rock y blues. Y pocos nos hacen sentir un escalofrío al escuchar su música. Cuando yo hablo de “guitarra con alma” siempre pienso en este norirlandés de Belfast, porque él la tenía como nadie. Su técnica, impecable, su rapidez, su maestría y esa facilidad para transmitir emociones no era de este mundo. Conseguía hacerlo de tal manera que este álbum se ha convertido en uno de los imprescindibles, en su discografía y me atrevo a decir que también en el ranking de los mejores discos en directo de todos los tiempos.
Adoro traer a este blog un vinilo de metal rancio patrio o de heavy poppy ochentero, por aquello de provocar sarpullido en los puretas del hard rock o el heavy metal. Grupos como este levantan odios y pasiones a partes iguales entre los fanes del género: si viviste en esta época o celebras el rock en nuestro idioma, poco menos que son himnos mesiánicos; si te la saltaste, no entiendes el metal más que en inglés o eres de los que creen que la movida era pop y tecno y se la inventó Almodóvar, los odias y los desprecias.
Aquí está, pues, el mejor disco de Obús. Así lo digo. Publicado entre los más famosos y admirados, el inicial Prepárate (1981) y el pelotazo comercial El que más (1984), me atrevo a defender que las canciones que conforman Poderoso como el trueno son su mejor colección. Y eso a pesar del sonido que, en ocasiones, no llega a ser tan limpio como en producciones posteriores (cuestión de dinero y estudios de grabación). Suena buen heavy metal al estilo de Judas Priest, hard rock de guitarras poderosas como lo hacía Michael Schenker, más hard rock de rollo setentero, un poco de blues como base compositiva y algo de boogie con recuerdos a Angus Young. Estos ingredientes se mezclan en un paquete que producen Tino Casal y Luis Soler.
La relación entre Fortu (cantante de la banda) y Tino va más allá de lo musical. Ambos eran perros nocturnos que corrían por las mismas calles, cada uno en su estética propia. Pero Fortu comenzó a imitarle, como a un maestro, llevando sus consejos de moda, estética y composición (muy enraizados en el glam seventies) a sus propios gustos. Debía de ser un espectáculo verlos juntos por las calles de Madrid. Aquellos años Casal (treinta y pocos) había conseguido un exitazo con su debut (Neocasal, 1981) y el single tecno Champú de huevo, que nada tenía que ver con las tachuelas, los pantalones de leopardo, el cuero y los cinturones de balas. Pero esa amistad hizo que mezclaran juntos en la producción y los arreglos de los dos primeros discos de Obús, clave para conseguir el éxito. No en vano, ya en 1981 los vallecanos consiguieron llenar ellos solos un recinto grande como el Palacio de los Deportes (con un aforo de 6000 espectadores entonces).
Así pues, metemos a Tino Casal en un estudio de la capital (Escorpio) con la banda, formada por Fortu, a la voz, Paco Laguna, a las guitarras, Fernando Sánchez, a la batería, y Juan Luis Serrano, al bajo, para grabar nueve canciones que les masterizaron en Londres durante el verano de 1982. Y eso se tituló Poderoso como el trueno.
El álbum abre con La invasión de las máquinas, una alegoría avisadora del peligro del mal uso de las tecnologías "son una broma, no me dejan vivir/me han atrapado, no ser cómo salir". ¿A alguien le pasa? Tiene un riff y un solo crudo, pero con un aire a UFO. Sigue Buscando acción: cuenta una historia con la cual me identifico por mis vivencias adolescentes. "Recorres la ciudad buscando acción/(...)/el extrarradio está a uno hora desde aquí/tendrás que atravesar a pie medio Madrid". Y así era. Más roquera, con una buena batería, machacona, y un sencillo estribillo, para puños en alto, vaya. "Sentirá miedo quien cruce junto a ti": entraba en unos grandes almacenes y el de seguridad (o el encargado, que eran los ochenta) me seguía pasillo tras pasillo; o esas señoras amas de casa de bien (las que sostuvieron el país) murmurando al pasar.
El que perdura como single estrella tampoco dice mentiras, aunque el propio Fortu se ha encargado en los últimos años de contradecirse: "nunca podrás cambiar/mi marcha ni mi fuego/nunca, nuca podrás cambiar". Cosas que pasan si vives suficiente. Dinero, dinero maneja un riff de rocanrol clásico, una melodía vocal algo plana pero bien cortada en el estribillo y buenos arreglos, con una segunda guitarra inspirada. La cara A cierra con Perdido en la ciudad, donde toman riesgos compositivos haciendo una balada con muchos arreglos que va creciendo con un aroma glammy; buenos guitarrazos, pero quizá demasiado ¿compleja? para lo que un grupo de heavy ofrecía entonces.
Por contra, la cara b se abre a toda tralla con dos cortes reivindicando el sentimiento metalero/roquero. Poderoso como el trueno, cantada por Paco Laguna, suena muy similar a lo que hacían Barón Rojo, parecido acentuado por el tono vocal, con un cambio de ritmo en el estribillo: "y era poderoso como el trueno/como cien misiles nucleares/que lograba hacer cantar/a un mundo lleno de tensiones y de sangre". Luego Fortu regresa para reivindicar su lado antisistema: todo se va por la alcantarilla, pero siempre te quedará el rock. Prohibido hacer rock recuerda al boogie al estilo acedeciano: "grandes titulares/dos jóvenes muertos/en un concierto de rock". Un poco de victimismo para el personal y luego "grita que te oigan/que nadie te calle/diles que amas el rock and roll". Ahondamos en las influencias setenteras con Dame amor. ¿A quién no le ha pasado? Recuerdo a la chica de anoche, aunque no sé dónde encontrarla, "de un bar a otro sin lograr dar contigo/y no me acuerdo de tu rostro, mujer". Resulta que "hace la calle". ¿Importa eso? Fue tan fantástico que "dame amor". Un clásico. Por cierto, buen solo de Paco.
Quizá el mejor trabajo de guitarra suene en Estúpido acusador, con cierto aire a Deep Purple. Volvemos a reivindicar la tribu. La gente te tratará mal, huirá de ti porque "te asusta que lleve cadenas/todo cuero, todo metal/el pelo largo también te molesta/y mi modo de caminar". Y cerramos con Labios asesinos, la más heavy (dicen que compuesta en realidad por Tino Casal) de riff veloz (muy NWOBHM), donde una "siniestra mujer" con poderes amorosos provoca el sufrimiento masculino "qué clase de ser eres/mujer medio fantasma/que mandas en mi mente".
El discutible workart corrió a cargo de Manolo Cuevas con fotos de J. F. Patiño.
Mi vinilo se imprimió en aquel año 1982 y ni sé las vueltas que ha dado hasta llegar, hace pocos meses, a mis manos. Bien acabado, con las letras y los créditos en el encarte interior y, cómo no, la (aún) mítica galleta de Chapa Discos.
Apenas treinta y un minutos veloces, crudos por momentos, que marcaron un ladrillo más en el ascenso al Olimpo heavy-ochentero de estos tipos, mitad vallekanos, mitad carabancheleros, capaces de llegar al número 1 de las radiofórmulas, llenar recintos grandes (no como otros monos de "La Movida") y obligar a miles de chavales a agotar el cuero y las botas negras de las tiendas.
Disfrutad el fin de semana. Más aún si no permanecéis confinados en casa.
La razón de que este disco esté en mi colección de vinilos
es, cuando menos, tan misteriosa como el éxito que tuvo el mismo. Cuando grabó
este disco no es que Frampton fuese un don nadie. Había militado con Steve
Marriot, ex de los Small Faces, en el grupo de hard rock británico Humble Pie, uno
de los precursores, según los eruditos, del heavy metal junto a grupos por
todos conocidos como Black Sabbath, Deep Purple, etc… Pero sí es cierto que su
trabajo en solitario no hacía preveer que iba a grabar el cuarto disco en
directo más vendido de la historia estando 10 semanas como número 1 en USA.
Peter Frampton fue compañero de escuela de David Bowie y
tuvieron su primera banda juntos. Incluso su padre fue el profesor de arte de
Bowie. Bill Wyman fue su mánager cuando formó la banda The Herd antes de pasar
a Humble Pie. Allí tuvo buenos años, pero también se dedicó a ser músico de
sesión trabajando, por ejemplo, en el All Must Things Pass de George Harrison que, según las malas lenguas, fue el que
le enseñó los secretos de la “talk box”, artilugio que permitía que las
guitarras “hablaran” y que, al fin y a cabo, fue el efecto predominante en este
álbum en vivo que sorprendió y gustó tanto. Tras el pelotazo del Frampton Comes Alive!,
Peter tuvo todavía un par de años buenos, colaborando en la composición del
tema principal de Grease,tocando varias canciones en la película Sgt Pepper’s
lonely heart club band y un siguiente trabajo todavía con bastante éxito. Después de eso, su luz se apagó y vivió de los réditos
de este disco en directo.
Lo dicho, nada hacía presagiar la locura que se ha montado
alrededor de este disco todos estos años. Y ese misterio también sobrevuela
sobre la copia que tengo en mi poder. Porque recuerdo perfectamente que estaba
entre la colección de discos que un cliente dio a mi hermano Carlos en pago a
sus deudas. Debo decir que, en su momento, ni le presté atención. Pero también
estoy seguro de que aquella copia era la del formato en la que este vinilo se
hizo famoso y vendió millones: formato doble. Y, sin embargo, la que tengo yo
es un formato raro: es un solo disco que se corresponde con las caras A y B del
doble. Quizás mi hermano lo tenía duplicado y me lo cedió…en realidad, lo dejó
en casa de mis padres y terminó entre mis cosas. Ahora estaba en una caja
almacenado (mejor no hablar del contenido de la caja) hasta que el otro día me
puse a rebuscar otro vinilo que reseñaré en alguna otra ocasión y allí lo vi. Y
aunque no es la versión buena, aquí os lo traigo, a ver si alguien sí tiene ese
doble y completa la entrada.
La portada es la misma que el doble LP, pero en la
contraportada vemos que sólo tiene 8 canciones, 4 por cara. Es una versión española,
editada por Polygram Ibérica e impresa en Gráficas Foco en la calle San
Romualdo 26 de Madrid. Calle y número que, por cierto, hoy 16 de octubre de
2020 ha salido en los noticiarios en relación a la detención de 50 personas que
estaban tomando parte de una orgia organizada y filmada por el actor y
productor porno Torbe, saltándose las restricciones que estamos viviendo en
este extraño año.
Después de esta salida de tono tan bizarra, paso al
contenido del vinilo.
En la cara A tenemos:
Something’s Happening
Doobie Wah
Show Me The Way
It’s a plain shame
El “Show Me The Way” con su show me the whawhawha es
conocido por todos. No hay “rockopilatorio” que se precie que no contenga. Los
otros tres temas son ejemplos claros del rock correoso setentero. Suenan genial.
Personalmente lo asocio siempre a la música de los Doobie Brothers. Frampton
demuestra que es un gran guitarrista y que los años de Humble Pie estaban aún
dentro de él.
En la cara B:
All I Want To Be (Is By Your Side)
Wind Of Change
Baby, I Love Your Way
I Wanna Go To The Sun
Las dos primeras canciones son en un formato acústico. Y dan
paso a otro de los temas inmortales de Frampton: “Baby, I Love Your Way” ha
sonado en películas, se han hecho decenas de versiones, se ha radiado hasta la
saciedad, se ha dedicado a miles de novias…Cierra esta cara B con el tema más
largo del acetato. En esta cara hemos abandonado el rock y esto es un poco más
suave. Si tuviera que comparar, me suena más Billy Joel.
En la versión doble, tenemos una versión del “Jumpin Jack
Flash” de los Stones bastante famosa, aunque no creo que aporte nada a la
original. Y el tercer gran éxito hasta entonces de la carrera de Peter, “Do You
Feel Like We Do”. Pero como mi copia es simple, no voy a meterme más.
En fin, misteriosamente, disco imprescindible en la historia
de las grabaciones en directo. Con lo que no quiero decir que no sea un disco
muy disfrutable. Una cosa no quita la otra y recomiendo su escucha completa, es decir, la de la versión doble.
Amigos, hoy vuelve al blog Lars Johan Yngve Lannerbäck, un músico tan genial por su maestría en el dominio de la guitarra como insoportable en lo personal, al menos a tenor de lo que la inmensa mayoría de los que le han tratado cuentan de él. Y así es como, tras grabar el exitoso Odyssey con el mítico Joe Lynn Turner y la consiguiente gira que también fue documentada en formato vinilo, el vocalista abandonó a la arrogante estrella sueca harto de su ego desmesurado. Ni corto ni perezoso, Yngwie se deshizo también de los hermanos Jens y Anders Johansson con quienes llevaba trabajando desde los inicios de su carrera en solitario y reclutó para este Eclipse un nuevo line up que también le acompañaría en su fantástica continuación, Fire & Ice. Mats Olausson, incluso, aguantaría junto al guitarrista unos cuantos años. Pero no me quiero desviar.
Así pues, Malmsteen –que ya se había establecido en Florida– se metió en los Criteria recording studios con Tom Fletcher como ingeniero para grabar y producir el disco de estudio que debía suceder al mayor éxito de su carrera. Yngwie se ocupó de las guitarras, los pedales de bajo, los sintetizadores y los coros, reclutando al fabuloso Goran Edman como vocalista, a Svante Henryson al bajo, contrabajo y coros, al mencionado Olausson a los teclados y coros y a Michael Von Knorring a la batería.
Con portada diseñada por Tout Sullivan Thomas y fotografiada por Michael Johansson en la que –de nuevo– el guitarrista era protagonista absoluto, el track list fue:
A
Making love
Bedroom eyes
Save our love
Motherless child
Devil in disguise
B
Judas
What do you want
Demon driver
Faultline
See you in hell (don’t be late)
Eclipse
La verdad es que había ganas de escuchar al vocalista que había sucedido a Turner en la banda y en la era preinternet no había otra manera de hacerlo que comprarse el álbum o esperar a que alguna emisora radiase el single, así que –en mi caso– descubrí agradablemente con la escucha de Making love que Goran Edman había sido un buen fichaje, algo que en el superior Fire & ice que editaron dos años después quedaría más claro. El tema, que se lanzó como primer single y del que se rodó un vídeoclip, era un hard pop-rock pegadizo en el que destacaban coros, teclados y la guitarra de Yngwie. Un poco más crudo, con cierto tono bluesero, es Bedroom eyes que nos lleva por territorios habituales en la carrera del guitarrista. Save our love es una balada en la que Malmsteen se luce como sólo sabe hacer él cuando está inspirado, aunque se adviertan reminiscencias a sonidos ya escuchados en Trilogy. Con Motherless child encontramos el primer tema rápido del disco, aunque con los típicos arreglos de teclado marca de la casa y la voz limpia de Edman, con un solo a la altura de su energía. Y la cara finaliza con una épica Devil in disguise, de sonido pesado y grueso, que con más de seis minutos es el tema más largo del elepé.
La segunda cara nos trae en primer lugar a Judas, otro tema con el sonido habitual de la casa que en su inicio también trae recuerdos a lo escuchado en Trilogy, lo que como mínimo es garantía de calidad. What do you want es otro estupendo exponente de lo que Malmsteen nos ofrecía por esa época aunque manifestaba una vez más que su paleta sónica tenía una lista finita de colores y estaba comenzando a repetir ciertas combinaciones. Demon driver es otro tema rapidito que tiene un inicio blackmoriano y en el que el estilo neoclásico del sueco se nos muestra en todo su esplendor. No está nada mal aunque en mi opinión es el que peor encajadas tiene las melodías vocales de Edman. Faultline es otro medio tiempo con un largo solo que suena repetitivo y algunos arreglos que parecen sacados de su época con Alcatrazz. Definitivamente no es mi preferido del disco. La cosa se arregla un poco con See you in hell (don’t be late), otra de esas composiciones rapiditas y enérgicas en las que se nos obsequia con una de esas acostumbradas luchas de solos de guitarra contra teclados. Y el punto final llega con Eclipse, una de esas instrumentales con varios cambios de ritmo en las que Malmsteen se erige como máximo protagonista, ejecutada con indudable maestría aunque sin nada que la convierta en especial, que es lo mismo que puede decirse en general del álbum entero.
Resumiendo, un digno sucesor a Odyssey –era difícil si no imposible superar el listón– pero un disco con un nivel notable.
En fin, que hoy os he querido hablar del que fue el último vinilo que compré de Malmsteen. Comenzaban los 90 y, como muchos, me pasé al formato cedé en mis compras de música habituales por lo que ese fue el formato en el que cayeron sus cinco siguientes obras hasta que –hastiado por unas composiciones demasiado repetitivas– dejé de seguir su trabajo. Pero eso no es óbice para que le reivindique como una figura indispensable del hard rock de finales del siglo XX.
Conocí a este artista/grupo gracias a Yosi, de Los Suaves. Bueno, muy indirectamente. Pero queda genial al principio para enganchar a la gente, ¿verdad?. Ese día, en la feria de libros de Vallekas, firmaban y actuaban unas amigas y amigos. Ya hice una reseña por aquí de Luis Farnox, El Mecánico del Swing. Pero en esta ocasión daban la cara con su proyecto de espectáculo infantil, con novela incluida: Zascanduri. El caso es que compartían editorial y caseta con Yosi, que presentaba su libro. Estuvo bien porque para la presentación tuvo el apoyo de otros profesionales, como Kutxi de Marea, Carlos Escobedo, de Sôber, Evaristo de La Polla, el Pirata... Mi colega Luis se ofreció a presentármelos, pero soy demasiado prudente con estas cosas y decliné su ofrecimiento. Luego me arrepentí porque en vez de en plan aficionado podría haberme presentado casi en plan profesional...Ahora veréis la razón. Gracias a que las colas para obtener la firma de Yosi fueron larguísimas, se retrasó tanto actuación como firma de mis amigas y si, aunque hubiesen empezado a su hora, ya había previsto que iba a tener que irme a medias y perdérmelo, ahora casi no iba a ver nada y decidí irme antes y llegar al inicio del otro concierto que tenía que ir esa tarde/noche.
Antes he mencionado que podía haberme presentado en plan profesional porque ese fin de semana tenía acreditación de prensa para el festival Mulafest/Garage Sound que se celebraba en el Recinto Ferial. De vez en cuando me dejan escribir sobre música en una web de motos super7moto.com. El Mulafest va de motos y super7moto ya había cubierto alguna otra edición por lo que no tuvimos problemas en pedir y obtener la acreditación. Así que por alli que nos fuimos mi colega Jalova, encargado del tema motos, y un servidor, encargado de tema música. Si no os lo creéis, os dejo foto de la acreditación. Eso sí, pecamos de principiantes y no pudimos/supimos tener acceso a los artistas. Pero sí al foso de fotógrafos, por ejemplo. El primer día disfrutamos de Sínkope y Magö de Oz pero el día fuerte era el siguiente, con Jared James Nichols, La Fuga, Tarque y Sôber. Si sentís curiosidad, aquí os dejo el tocho que publicamos en la web. Vaya, me estoy liando mucho, mejor empiezo ya con Aaron.
Así que llegué al inicio de la jornada del sábado sin haberme estudiado al primer artista que subía al escenario ya que no había previsto llegar a tiempo. Es más, mi compañero de fatigas periodísticas se lo perdió porque habíamos quedado más tarde. Cuando vi a Aaron y a la guitarrista, pensé que serían un grupo de modernillos. Con las pintas que véis en las fotos, qué va a pensar uno (sí, a veces soy un snob y un clasista). Y, efectivamente, puedes pensar que Aaron es un cantante pop. Pero no, su rango de voz es perfecta para el heavy y también para el trash y el grunge, como demostró en el concierto y demuestra en este vinilo. El caso es que, desde el inicio de su espectáculo, con la misma canción con la que arranca el disco, me congratulé enormemente de haber llegado pronto y conocerlo. Como resultado, este precioso vinilo rojo en mis manos.
El vinilo que compré es una reedición de Febrero del 2019, cuando Aaron firmó con el sello francés Listenable Records. Es un sello especializado en dark metal. Pero cuenta en su catálogo con Aaron y con el blusero, mencionado anteriormente, Jared James Nichols. Me imagino que por esa razón actuaron los dos en el festival. La primera fecha de lanzamiento de este trabajo en CD fue en el 2017. El plástico viene con dos canciones extras respecto a esa edición, con un vinilo rojo transparente espectacular (hay otra versión en azul), un folder de calidad y un cartón con las letras (faltan las de los temas bonus). El grupo está formado por Aaron Buchanan en las voces y varios instrumentos, su hermana Laurie en la guitarra y coros, Ryan Woods en el bajo y James Curtis-Thomas en la batería. Este último, junto con Aaron, es el responsable de la producción. El sonido de la banda es heterogéneo. A veces te recuerda a Queen, otras a Muse, otras a Alice in Chains, Soundgarden, Foo Fighters... Aaron era el vocalista del grupo de rock británico Heaven´s Basements , que a mi me suena en la onda de los suecos H.E.A.T. (recomiendo encarecidamente escuchar a los dos grupos si no los conocéis). Si lo mezclas todo, tienes a Aaron Buchanan & The Cult Classics.
Por fin empiezo con la música que nos encontramos en el vinilo. Abriendo la cara A tenemos "Show me what you're made off" que comienza con un ritmo de batería irresistible con Aaron casi susurrando hasta que llega el momento de la explosión: altos y bajos que se acaban en un suspiro porque es muy corta y te dejan expectante deseando más (así me pasó en su concierto): parece que se burlan de ti al cortar tan pronto y en lo mejor.
Pasamos sin respiro a "All the things you said and done", hard rock del bueno, fantásticas las dos guitarras, la batería sonando adictiva. Y Aaron a lo suyo con su fantástica voz. Quizás podrían haberse explayado un poco más en el solo de guitarra que suena genial pero se queda corto.
"Dancin' down bellow" continúa por el mismo camino, quizás con más toques Queen. Sin embargo, los coros guturales que nos mete el señor Buchanan, le da un empaque distinto. Impactante tema. Vamos bien. Vamos muy bien.
El cuarto corte es "The devil that needs you". Siguen hablando de Belzebú, como en el tema anterior. En una entrevista, el señor Buchanan resume así de qué va el disco "Este álbum trata sobre la lucha provocada por rodearte de las personas equivocadas en el momento equivocado. Lo que surge de eso es energía negativa.Es la razón por la que el álbum tiene títulos tan únicos. “The devil that needs you” habla de adicción intratable; "A good is no friend" habla de no saber a qué recurrir a continuación, ya sea una fuerza superior o el próximo golpe en lo que sea que pase por el escaparate de la vida; y "Mind Of A Mute" habla de lo juzgado que me sentí a lo largo de los años, hay mucha carne en este disco. No creo que pudiera haber escrito algo como esto sin que me hubieran hecho una papilla". Volviendo a la música, la canción podría estar en un disco de Darkness pero...pero el final es épico y distinto. Te deja descolocado en el buen sentido. Por cierto, de este tema he encontrado en youtube una visión rarísima: una cámara enfocando al batería actual del grupo, Paul White. El sonido está centrado en él, por lo que no suena bien. Pero es muy educativo. Os lo dejo al final del todo, junto a los pluses,
"Journey out of here" sigue más la estela de grupos de rock modernos, tipo Killers o 30 seconds to Mars, por ejemplo. Aunque al final coge tintes de rock más clásico. Personalmente no me desagrada aunque me gustaba más el rollito anterior.
La canción que da titulo al disco, "The man with the stars on his knees" es de total lucimiento de Aaron y su capacidad vocal. Majestuosa canción al más puro estilo de rock progresivo. Guitarra muy May (también podría mencionar a Uoho). Estos tíos hacen muy bien las cosas, joder, te llevan de un estilo a otro sin darte casi cuenta y lo mejor es que no desentona pasar de un corte a otro. Lo han engarzado perfectamente. Vuelve la aguja a su posición inicial y toca levantarse para voltear el plástico. Hasta ahora con un muy buen sabor de boca y de oídos.
Empieza la cara B con "A god is no friend" y nueva sorpresa con ese inicio tan blusero. "Los viejos Whitesnake hacían cosas así", pienso. Luego gira a terrenos más cercanos a Alice in Chains o Soundgarden, sobre todo por la voz de Aaron. Pero, ojo, encaja perfectamente el blues con esa interpretación. Un solo de guitarra y una base rítmica de un buen rock pesado junto a los coros de Laurie, nos regalan un tema conmovedor.
"Left me for dead" me recuerda a los Stone Temple Pilots de Scott Weiland. Reconozco que en las primeras escuchas, el inicio de esta cara B no me gustaba. Ahora me flipa ponerme juntas estas dos primeras canciones.
"Mind of a mute" sigue la estela rockera grungera de la anterior, explorando sonidos parecidos. El riff, brutal. Y ese duelo de guitarras final.
El cuarto tema, el que cerraba la primera edición del trabajo, es "Morals". Más operístico. Un solo de rock pesado del bueno. Los gritos de Aaron en plan Robert Plant. Era un cierre grandilocuente que ahora queda un poco difuminado al tener dos pistas más en el acetato.
"Fire in the field of Mayhem" es el primer tema extra de este vinilo. De nuevo me descoloca la rapidez vocal y los "woah woah" de Aaron, todo mucho más ligero que hasta ahora. Y llega el estribillo y usa su voz trash. Hostia. Y otro gran trabajo de Laurie al solo de guitarra. Rock punk o algo así por calificarlo de alguna manera.
Se cierra con "Undertow", idonea para cantar en directo por su coro pegadizo (es que me gustó mucho en el concierto). Perfecto tema rockero para cerrar esta edición especial.
Bien, quizás os leéis mi reseña en la que pongo por las nubes al grupo y escucháis el disco y os decepciona. Suele pasar cuando nos hablan demasiado bien de algo. Lo ideal para descubrir a este grupo es lo que me pasó a mi: que no te lo esperes. La sorpresa es su arma definitiva para capturarte.
Como no voy a ser menos que mi edición en vinilo, también os dejo pluses. Tenéis un vídeo para que veáis lo que hacen en directo, como interactúan con el público y su actitud rockera aunque vista de pijo modernillo con tirantes. Otro de una versión del "Creep" de los Stone Temple Pilots. Un homenaje a Freddy Mercury y un par de vídeos del grupo anterior de Aaron.
Si habéis llegado hasta aquí, mi más sincera enhorabuena. Ya habéis completado el primer curso de leerse tochos infumables. Si leéis la reseña que hicimos en super7moto del festival motero y los conciertos, superaréis el segundo curso.
Cover "Creep"
Cover "Love of my life"
Heaven's basement - "Nothing left to lose"
Heaven's Basement - "Heartbreaking son of a bitch" Heaven's Basement - "Fire, fire" Aaron en directo por encima del público
El tema "The devil that needs you" vista única del batería en directo.
El día 26 de septiembre se celebró el Record Store Day de este (aciago) año, pero que al menos a los amantes de la música, los vinilos y Fleetwood Mac nos trajo alegrías como esta:
Según cuentan en la web Record Store Day.es, “la idea original delRecord Store Day(RSD) fue concebida por Chris Brown, y fundada en 2007 por Eric Levin, Michael Kurtz, Carrie Colliton, Amy Dorfman, Don Van Cleave y Brian Poehner como una celebración de la cultura protagonizada por las tiendas de discos independientes de EEUU. Todas las tiendas se unen con los artistas para celebrar el arte de la música”. Desde entonces, cada año salen curiosas y variadas ediciones discográficas, muchas veces limitadas, para regocijo de coleccionistas y fanáticos.
REO Speedwagon no serían apenas conocidos hoy en día si no hubieran logrado el mega-éxito en 1980 con el álbum Hi-Infidelity (a día de hoy, más de 15 millones de discos despachados). Hasta llegar a aquellas fuentes doradas, a ese maná, atravesaron un largo océano de creación y suerte. Llevaban dando vueltas por los escenarios desde 1967 bajo diferentes nombres y combinaciones de músicos, hasta que en 1977 ocurrieron dos hechos significativos que alumbraron la escalera al cielo: consiguen vender un millón de copias del directo Live: you get what you play for y se mudan a Los Angeles amparados por su compañía EPIC. Las cartas comenzaron a pintar bien. Solo faltaba que los músicos hicieran música para que los ejecutivos la pudieran vender. En 1978 editaron You can tune a piano but you can't tuna fish y un año después este Nine lives (exacto, el noveno álbum de la banda). Justo unos meses después se meterían en el estudio a por ese Hi-Infidelity.
En 1979 la banda la formaban Kevin Cronin como cantante principal y guitarrista ocasional, Gary Richrath a las guitarras, Neal Doughty a los teclados, Bruce Hall al bajo y las voces y Alan Gratzer a la batería. Kevin y Gary componían la mayoría de las canciones y se encargaron de la producción junto a Kevin Beamish (un tipo que alcanzaría con "la REO" el Olimpo y trabajaría con Saxon, Schenker o Y&T entre otros).
El sonido general de Nine lives se apoya en melodías pegadizas, buenas guitarras, en ocasiones con un toque hard rock, un fantástico teclista y, cómo no, estribillos fáciles de cantar y recordar. Drop it (an old disguise) es un perfecto ejemplo: un riff aguerrido apoyado en un piano rápido con un rollo honky tonk y una línea de bajo muy rítmica; un solo de piano y otro de guitarra; un estribillo fácil. Only the strong survive rebaja la velocidad y basa su encanto en la melodía vocal jugando con las guitarras y un ritmo machacón hasta otro estribillo alargado con una excelente armonía "but we'll come back alive/´cause only the strong survive". Heavy on your love, que abre el disco, aporta otro gran riff y un Hammond para delicia del personal, quizá la canción más heavy, y una voz agresiva (a lo Speedwagon, ojo). Otra de mis favoritas es Meet me on the mountain, donde Neal mete un Hammond y un Moog para adornar una sencilla melodía que va engordando a medida que suena la canción, recuerdos de una escapada invernal a la montaña: "we were two lonely people living out a dream"; brutal solo de Richrath.
Steve Forman mete percusiones y efectos sonoros (esas castañuelas) para darle un rollo latino a Easy money, en realidad un clásico rocanrol con el que menear el culo un rato, y dar cierta localización a esta historia de engaño al sur, en la frontera, donde "Sweet Carmelita betrayed me"; podría pasarle a cualquiera, cierto, ten cuidado "it´s just my luck/it had to happen to me". El tipo acabó desplumado y solo. Ahonda en ese rollo rocanrol la versión del rey Chuck Berry, Rock and roll music, bastante bien conseguida, aunque algo innecesaria en el contexto del álbum; el guitarreo que se marca Kevin es antológico. Bruce Hall compone y canta la final Back on the road again, sonando a lo que por entonces hacían bandas como Toto o Foreigner, con las que tantas veces se ha emparentado a REO Speedwagon; el amigo Bruce cumple muy bien (me recuerda a Lou Gramm por momentos) y fabrica un gran tema. Esa misma inspiración la escuchamos en Take me, canción de entrega ("I only thirst for you to share my cup"), otro punto álgido de Kevin. Aunque no hay una balada como tal, sirva de momento azúcar I need you tonight, más un medio tiempo de digestión fácil, con unas acústicas muy presentes y una voz melosa y aguda; esta vez Neal adorna con un piano el tema, dando un toque particular a esta melodía con recuerdos country en su composición.
El artwork del álbum tiene su miga. Tom Drennon se hace responsable como director artístico y le ayuda en el diseño Ginger Canzoner (que dibuja los gatos de la contraportada). Ese rollo animal mezclando el estampado, las pintas de malote de garito vip y las muchachas disfrazadas de gatitas da muy mal rollo. Pero, por razones que desconozco, ese rojo invadiéndolo todo y esa perspectiva me gustan. Por cierto, las gatitas se llaman Candy, Lindy, Shyanne y Karen. ¿Qué habrá sido de ellas? Vinilo sencillo (apenas dura 35 minutos) y portada gatefold, edición yanqui de la época.
Estos tipos estuvieron aquellos años inspirados y, afortunadamente, el éxito les llenó los bolsillos y el ego. A darles una vueltita.
Pasad buen fin de semana, con distancia y mascarilla, si no vais a ejercer el derecho de pernada.