Este texto ha sido escrito tras la charla que tuve el honor de pronunciar en ocasión de la mesa redonda sobre comunicación climática que clausuró el congreso internacional sobre cambio climático en España CLIMATE-ES, el viernes 13 de marzo pasado en Tortosa. Fui el último de la mesa en tomar la palabra. Lo que sigue refleja, y complementa solo levemente, las ideas que allí expuse y el tono con que las expresé.
Una cuestión previa al hilo de los acontecimientos
Empecé mi intervención con la cuestión previa referida al rector de la URV para pasar a reconocer a continuación los indudables méritos de la comunidad científica del clima. Tengo para mí que son los héroes del siglo XXI, y que ellos no lo saben. No están investigando cualquier cosa, sino nada menos que la evolución previsible de las condiciones de contorno en las que se desarrolla la vida. Lo que ellos saben, y descubren, es muy doloroso. Cada día que pasa es de más difícil digestión. Y encima son objeto de ataques inmisericordes y miserables por parte del negacionismo organizado, que ocasionalmente les hace tambalear – pero nunca llega a torcerles. Así, mi respeto por ellos es virtualmente insuperable. Y anticipé que quería hablar de la pequeña distancia entre dicha virtualidad, y la totalidad.
Ejercí mis mejores oficios en una parte de los 9 minutos que me asignaron para convencerles de que los medios de comunicación mainstream son incapaces de llevar al público la severidad del problema climático (y energético, cabría añadir). Lo son estructuralmente, sistémicamente, de modo que no es cosa de esperar a que vayan cambiar en el futuro. Y como no queda tiempo ellos, los climatólogos, tienen la obligación de cubrir este fallo de mercado, como dirían los economistas al uso. Nadie lo va a hacer por ellos. Están éticamente obligados; lo suyo no es una opción. (más…)
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