Bienaventurados los que surcan la noche del laberinto
y cantan bajo la espuma entre dos continentes.
¡Ay de los que negocian en los circos del hambre
y levantan Centros de Internamiento!
Bienaventuradas las mercenarias de la piel,
prostituidas a empellones y vudú, sin pasaporte.
¡Ay de los que trafican con las vidas ajenas
y escupen desde las oficinas de la debilidad!
Bienaventurados los que corren bajo los resplandores,
cruzan trincheras, curan a los heridos y traen
una suerte de paz. Los que sueñan despiertos
la piel de las palabras y las riegan del alba hasta el ocaso.
¡Ay de los que perdieron lo mejor de la vida:
la inocencia, la alegría y el vínculo!
(Ángel Petisme. “El faro de Dakar”. Renacimiento, 2017)




