No suelo hacer balances del curso en el blog, pero este año, en el que tantos cabos se han quedado sueltos, quería darme un empujoncito para anudar aquí uno: el de los libros a medio leer. Aquí va la lista, creo que casi exhaustiva:
- Civilización, de Niall Ferguson: Un libro muy ameno que aborda la cuestión del éxito de las civilizaciones justo donde lo deja Jared Diamond en Armas, gérmenes y acero. Devoré unas 150 páginas en pocos días, pero tuve que devolverlo a la biblioteca y aunque lo compré un tiempo después, el lapso en blanco fue fatal para la lectura.
- Maus, de Art Spiegelman: Es probablemente la novela gráfica más prestigiosa de la historia, y por lo que leí, se merece su fama. Demasiado pesado para llevar en la mochila, y aparentemente fácil de retomar (“al fin y al cabo sólo es un cómic”), su turno siempre podía esperar. Ahora mi hijo se lo ha dejado a un amigo (¡glup!).
- Mathematics and physics, de Yuri A. Manin: Recomendación de MarianoS aquí mismo. Se quedó a medias en parte porque mi edición pirata (fotocopias del año 1986, más o menos) está completamente desencuadernada, así que sólo lo podía leer en casa si no quería correr el riesgo de que se desparramaran las hojas por el cercanías. Y en casa tengo muy poco tiempo durante el curso. Lo que leí, extraordinario: se merece un buen repaso (y no sólo de pegamento).
- Las crisis humanas, de José Ferrater Mora: Desde hace muchos años en las estanterías, lo cogí por impulso uno de esos días que a uno le apetece algo nuevo, aunque tenga diez o doce libros a medias. Sin duda influyó que abultaba poco y me pareció ideal para la sala de espera, además de que prometía poner en perspectiva La Crisis por la que atravesamos. El resultado: ahora tengo once o trece libros a medias.
- Vida, de Torres Villaroel: En algunas ferias del libro de ocasión ponen ahora casetas con libros gratis, y éste era uno de ellos, completamente nuevo en edición reciente de Austral. Sabía algo del personaje y me pareció curioso. Y lo es, pero se ve que la prosa del siglo XVIII se me hace cuesta arriba.
- La señal de la cruz, de Colm Toibin: Otro libro de ocasión, muy apropiado para leer a salto de mata, con capítulos independientes. Viajes por los lugares de Europa en los que la fe cristiana es más viva, contados por un irlandés escéptico. Debe ser uno de los primeros libros que se editó en España de un autor cada vez más prestigioso. Víctima del sino de los libros que se pueden leer a salto de mata.
- Biografía del silencio, de Pablo d’Ors: Que no haya sido capaz de acabar este librito, que tanto me interesa y que tan bien escrito está, demuestra bien a las claras cuanto lo necesito.
- Pensar rápido, pensar despacio, de Daniel Kahneman: Monumental tratado, pero imprescindible y ameno. Traducción un tanto farragosa y mamotreto poco manejable, pero mi solución fue leerlo en inglés en el Kindle y repasar (pre-subrayando) luego en papel. Buena solución, pero demasiado trabajosa para durar.
- A la espera de Dios, de Simone Weil: Una víctima del desasosiego de la neurociencia. Lo cuento aquí, así que no hace falta que lo repita.
- Una historia secreta de la consciencia, de Gary Lachman: Lo empecé en paralelo con Incógnito: una experiencia curiosa leer dos libros tan distintos sobre lo mismo. Ganó el libro de Eagleman, y éste tuve que devolverlo a la biblioteca, pero me quedé con las ganas y lo compré unos meses después. Aquí lo tengo, al lado, y quizá sea el primero de las vacaciones.
- Cómo leer un libro, de Mortimer Adler y Charles van Doren: Sí, es un chiste fácil: ¿cómo no voy a dejar libros a medio leer si no he sido capaz de acabar éste? Obviamente me he quedado sin aprender a leer libros, ese es mi problema…
- La creación de lo sagrado, de Walter Burkert: Un tema que me interesa mucho, una editorial que me encanta y un autor del que no sabía nada pero parece ser una eminencia. Y para colmo, se trata de unas conferencias Gifford, benemérita institución a la que debemos muchas obra maestras. Salí emocionado de la librería, y sin embargo, ha sido una decepción. No puedo evitar la sensación de que con toda su erudición (y a diferencia de Rudolf Otto o de Mircea Eliade), Burkert no tiene ningún “oído” para la religión. Encontré luego un libro de Luis Cencillo, Mito, semántica y realidad, que me pareció un antídoto, pero no quería sumar más a la lista de libros a medias y sólo he leído el prólogo.
- La mente consciente, de David Chalmers: Un tour de force y una magnífica introducción al “problema duro” de la consciencia. Avancé hasta la mitad mientras discutía aquí en la serie de “Neurociencia“, allá por febrero. Pero no es una lectura para hacer a ratos mientras se está en otras muchas cosas.
- Personal knowledge, de Michael Polanyi: Por las mismas fechas en que leía a Chalmers me adentré en este libro, así que, mirado retrospectivamente, ¿cómo no iba a dejar a medias los dos? Polanyi me parece inteligentísimo, brillante, necesario, siempre denso y demasiadas veces oscuro. Para colmo, la edición será de la Chicago University Press, pero tiene una letra diminuta, impresa con una tinta deleznable. Llevo casi 20 años queriendo leer este libro y supongo que me tendría que retirar a un monasterio para estudiarlo, pero no pierdo la esperanza.
- The hall of uselessness, de Simon Leys: Me encantó La felicidad de los pececillos, así que cuando un cómplice me envió este libro para el Kindle me dio una alegría. Sigue siendo el mismo Leys pero aquí se dispersa en temas a menudo demasiado lejanos o eruditos para mí. Lo que no quita para que tenga el firme propósito de acabarlo. No tengo claro si el kindle es una ayuda o un inconveniente para eso.
- Tecnología e imperio, de Nicolás García Tapia y Jesús Carrillo Castillo: No entiendo como puede subsitir la editorial Nivola publicando libros que se supone que no interesan a nadie en España, y para colmo de autores españoles. Pero ahí sigue y nos tenemos que felicitar por libros como éste. En mi caso le ha perjudicado que son cuatro biografías independientes (de ingenieros españoles del siglo de oro) y era demasiado fácil dejar a medias la lectura.
- Consciencia más allá de la vida, de Pim van Lommel: Las experiencias cercanas a la muerte, según un cardiólogo holandés, con mucha experiencia de primera mano. Después de leer en su día a Kübler-Ross, me pareció muy interesante conocer la perspectiva de un libro muy reciente y de un autor que es también médico pero resulta más científico (vam Lommel, que sepamos, no ve hadas…). Sigo con las ganas.
- Saving the appearances, de Owen Barfield: Lachman hablaba mucho de Barfield y lo que decía me parecía muy interesante. Pedí el libro a Amazon y me lancé sobre él. El principio es magnífico, pero cada (brevísimo) capítulo es como una ascensión empinada y pronto te falta el oxígeno. Muy escueto, muy denso, con una terminología propia que lo hace más difícil, y con un inglés extraño, supongo que con un aire arcaico (aparte de Barfield, ¿decía alguien “without” en el sentido de “fuera de” en el siglo XX?). Este verano me gustaría tomar oxígeno para terminar la ascensión.
Repasando ahora estos libros veo que casi siempre los he dejado no porque fueran malos sino por querer abarcar demasiado, o por motivos muy circunstanciales. Casi podría ser una lista de recomendaciones para el verano: desde luego, para mí lo es.
Felices vacaciones. Y no dejen muchos cabos sueltos…
