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Nicolas GuzMan

Creatividad  - 
 
 
En el silencio , de esta noche,
Tu voz, tu risa, tus te quiero
Y toodas tu mentiras
Retumban en mi mente
¡Con un eco! .. interminable
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B Shepherd

Literatura  - 
 
CCSG
*Feliz Navidad a toda la Comunidad

Reseña
Libro: Cuento de Navidad
Escritor: Charles Dickens
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Introducción A Christmas Carol, conocido en español como Cuento de Navidad o también Canción de Navidad, es en definitiva mi libro favorito de Charles Dickens y esto se debe, no sólo por la conmovedora historia de redenci...
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Nahuel Herrera

Literatura  - 
 
Luego de internarse en un bosque, los muchachos encuentran un cortejo dionisíaco en todo su esplendor. (Parte 2)
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Ir a la parte anterior Tras un pequeño lapso de tiempo los dualistas llegaron a un camino hecho por el hombre que atravesaba la arboleda, sin embargo ocurrió algo que los sorprendió bastante: comenzaron a oír música generada...
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B Shepherd

43 FORMAS DE SOLTARSE EL PELO  - 
 
DEVEUT
Impresiones del segundo año de mi blog de música.
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Pues sí. Ya pasaron dos años y persisto en la terquedad, o tal vez en la intuición de que algo bueno podría salir de esto. Y aun sigo en esta aventura, tratando de continuar a pesar de algunos momentos desalentadores, y cuand...
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LA VIEJA

Hacía tantos días que unas nubes negras como el azabache descargaban agua sin descanso sobre la ciudad, que los más supersticiosos habían logrado contagiar a los demás con teorías sobre un castigo divino o del mismísimo infierno. Y de repente, como si se hubiese agotado el poder que alimentaba el oscuro encantamiento, o la entidad sobrenatural que lo hubiese conjurado estuviese por fin satisfecha con el daño causado y el castigo recibido, el temporal cesó. Quizás fuese solo un pequeño receso que hiciese aún más cruel la vuelta del viento y de la lluvia, pero todos en la villa respiraron aliviados mientras se asomaban incrédulos a las ventanas. Muy arriba, las estrellas brillaban en un cielo limpio de nubes con un fulgor propio del último mes del año. Los destrozos habían sido cuantiosos en toda la ciudad, pero habían sido terribles en los barrios más próximos al curso del río. Las pobres construcciones, levantadas sin orden ni concierto a lo largo de los años en tierras poco firmes, se amontonaban unas sobre otras de forma proporcional al estrato social de las familias que las habitaban: de las más humildes, en las orillas del río, hasta las de las colinas, donde se erguían orgullosas, y a una distancia prudencial de las demás, las mansiones de los más poderosos. Si no fuese por los desagradables olores que casi siempre recorrían el canal y que, en ocasiones, el viento del sur llevaba hasta lo alto de las colinas, ¿a quién le importaría el destino de los de abajo? Allí solo había nidos de prostitutas, fumaderos de opio y tabernas en las que se podía contratar a criminales sin ningún tipo de escrúpulo para ejecutar las tareas más abyectas. Nadie de fuera era bienvenido en los barrios de la ribera. Había que ser muy duro o muy sumiso para sobrevivir en la jungla de callejuelas en las que ni los guardias se atrevían a adentrarse una vez que se había puesto la luz del sol.
En cualquier caso, el agua caída había lavado los callejones malolientes y había borrado las huellas de los crímenes que, noche tras noche, se producían al amparo de la niebla. La crecida del río se había llevado la basura de las orillas, pero también había puesto a prueba el valor de los ribereños, que habían contemplado con impotencia cómo un caudal de agua violento y pestilente entraba en sus casas por las puertas y las ventanas más cercanas al suelo, y se llevaba enseres, animales e incluso a algún niño, para no volver a verlos jamás.
Esa noche la luz de la luna hacía que todo brillase en blanco y negro, y de la lluvia tan solo quedaba una bruma húmeda que calaba los huesos y el espíritu. La pobre luz de gas de las farolas brillaba mortecina entre las ramas sin hojas de los árboles, y apenas alcanzaba a iluminar el adoquinado, que lucía brillante.
La vieja renqueaba por el medio de la calle. Cojeaba ligeramente por una torcedura antigua o una herida mal curada. Caminaba embozada en una negra capa raída que arrastraba por el suelo y que le cubría la deformidad de la espalda y mantenía su rostro arrugado entre las sombras de la capucha. A pesar de su tara, caminaba con la agilidad y la determinación de alguien que tenía una misión. El repiqueteo del bastón sobre el empedrado anunciaba el paso de la lúgubre figura del mismo modo que un leproso lo haría con su campana. Nadie en su sano juicio osaría adentrarse en las calles del canal a esas horas, en las que los malhechores aguardaban como arañas en oscuros soportales a la espera de una víctima que se acercase demasiado a su escondite. Pero ella no temía a nadie. Ladrones, asesinos, todos conocían el soniquete de su bastón y se ocultaban en las sombras al ver su silueta renqueante enfilar el húmedo empedrado de la calle en su dirección. Ella tenía sobe ellos el poder del conocimiento, de saber quiénes eran y cómo se llamaban, de conocer sus pecados. Los más osados murmuraban cosas acerca de ella en los días de mercado, cuando la culpaban de su mala suerte con la cosecha o la muerte repentina del mejor ternero, o al atardecer, mientras arrastraban las pequeñas embarcaciones tierra adentro y volvían a casa con las redes vacías tras una dura jornada de pesca, pero nunca con la voz muy alta. Hubo muchos, incluso, que se atrevieron a pensar en ella como la causa del temporal que azotaba la ciudad, pero ninguno se atrevió a expresarlo jamás en público, por miedo a que llegase a sus oídos quién lo había dicho.
La vieja llevaba dos sacos cogidos con fuerza con unos dedos nudosos que apenas eran piel sobre hueso. Uno de arpillera, en cuyo interior unos bultos pequeños se movían débilmente y gemían de hambre y frío, y otro de tela gruesa que rezumaba un líquido pardo que de vez en cuando dejaba gotas gruesas en el camino. Enormes ratas de lomos arqueados se apresuraban a lamer el rastro viscoso una vez que consideraban que la anciana se había alejado lo suficiente.
La encorvada figura cruzó un pequeño puente construido con piedras milenarias. Bajo sus pies el cauce del río se estrechaba y la corriente se volvía una violenta sucesión de remolinos y turbulencias capaces de triturar a un hombre. Después abandonó el adoquinado para tomar un pequeño y oscuro sendero, medio comido por la maleza, que serpenteaba hasta una pequeña loma. En la cima se adivinaba la sombra de una construcción más sólida y grande que las que había dejado atrás. Franqueó una verja oxidada cuya cancela había perdido uno de los goznes y permanecía clavada en la tierra, y atravesó unos jardines abandonados que servían de refugio varios gatos que la miraban fijamente, con unos ojos que brillaban con un fulgor extraño, casi místico. Subió la pequeña escalinata de la entrada con dificultad y empujó el grueso portón, que cedió con un chirrido. Probablemente era la única casa de toda la ciudad cuya puerta no se cerraba con llave, pero también era la única a la que nadie se atrevería a entrar sin ser invitado. Y esa era una ley no escrita que no había sido violada jamás.
Dentro de la casa el estruendo del río se amortiguaba por las gruesas paredes. La luz de la luna atravesaba con dificultad la suciedad de la claraboya del tejado, pero era suficiente para poder ver con cierta claridad y evitar los golpes con los desvencijados muebles. Dejó el bastón junto a la puerta, apoyado el una pared desconchada por la humedad, y la capa mojada colgada de una percha. Encendió una pequeña vela con la llama de un cirio rojo que iluminaba un pequeño altar, y con la temblorosa luz recorrió la planta baja hasta llegar a una habitación cerrada con llave. Escogió con cuidado una del manojo que colgaba de la cintura y abrió la puerta con sigilo. No hacía mucho tiempo que se habían acostado y en una noche como aquella los nervios les impedían conciliar un sueño profundo. Dejó con cuidado el saco de tela gruesa sobre una vieja cama y al instante se escaparon tres pequeños gatos que comenzaron a investigarlo todo. No importaba. Ya se ocuparía de ellos más tarde. Ahora tenía otra tarea más urgente que completar. Pero antes de ponerse con ella, quiso cerciorarse de que todo estaba tal cual lo había dejado, así que recorrió el largo pasillo hasta la entrada de la habitación comunal y atisbó por el quicio de la puerta entreabierta. A la luz de la vela comprobó que los pequeños dormían plácidamente bajo sus gruesas colchas. Satisfecha, se dirigió a la cocina, donde desenvolvió el segundo hatillo y descubrió tres grandes tarros con un contenido espeso y parduzco.
La anciana removió las brasas de carbón para avivar el fuego y acercó las manos para calentar sus viejos huesos durante un instante. Después comenzó a amasar con mucho cariño un montón de bollos de Navidad con la mermelada casera de arándanos que, de vez en cuando pero siempre en Nochebuena, le conseguía el padre Matías. Esa noche, además, había tenido la fortuna de encontrarse con tres pequeños gatos que alguien había arrojado al río en un saco para que muriesen ahogados. La tela se había quedado enganchada en un tronco que la corriente había arrastrado hasta la orilla, al alcance de su bastón, y así había podido rescatarlos. El olor de la masa recién horneada comenzó a flotar por la cocina e inundó todos los rincones del caserón. La anciana recordaba con satisfacción la enorme cantidad de niños huérfanos y sin hogar que se habían alojado en la casa a lo largo de los años. Nada ni nadie garantizaba que cuando se hiciesen mayores les fuese a ir bien en la vida, de hecho la mayoría no lograba escapar del barrio y ya había tenido que asistir a demasiados funerales, pero con que solo uno de ellos lo consiguiese, su esfuerzo habría merecido la pena. Y así sería mientras no le fallasen las fuerzas. Cuando los pequeños se levantasen al día siguiente, se encontrarían con un montón de bollos rellenos de mermelada y la sorpresa de los tres hermosos gatitos. Casi no podía esperar a ver sus caras de felicidad.

Dedicado a todos aquellos que esperaban que sucediese algo que al final no sucedió, porque hasta en este blog es Navidad.

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Hacia tantos días que unas nubes negras como el azabache descargaban agua sin descanso sobre la ciudad, que los más supersticiosos habían logrado contagiar a los demás con teorías sobre un castigo divino o del mismísimo infie...
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Anoche, como algunas noches,
recordé de manera fugaz la experiencia de conocerte,
la forma en que querías y dolías,
la miel y la hiel en ti,
en mi memoria estás en una vitrina bien decorada,
las fotos se lucen en marcos de madera vieja,
estás bajo lucecitas ámbar,
te mantienes tranquilo ahí,
cada vez que voy te encuentro, siempre estás,
una ligera sonrisa se desprende de mí y te recuerdo.
El recuerdo es bonito si uno así lo quiere,
si se limpia la mancha que altera tu orden.
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Crónicas Cazurras, libro en clave de humor, para pedidos diríjase al email: [email protected]
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Santiago de León, irrespetuosa ciudad de su historia que de su pasado, incólume guarda pocas cosas. A quien te mire por primera vez le resultaras caótica, ¡y lo eres! ¿Porque engañarnos? Si has crecido sin planificación alguna! Donde hace medio milenio solo había arboles, ríos e indígenas creció una ciudad colosal que no guarda un solo lugar o monumento en perfecto estado que diga: Esto fuimos!
Quien diría que de veinte casas rodeadas de palas y picos, crecería una ciudad que se tragaría a sus rios! Catuche, Anauco, Chacaito, donde están hoy? Fluyen por tus venas contaminados y marchitos!
Fuiste valle fértil, de un verde vivo que encanto a Fajardo, pero también a Lozada, Ledezma y a otros castizos!
Tu historia ha sido escrita con sangre y con ladrillos, pues ¿acaso no murieron cientos, quizás miles antes que se alzara tu primera cruz al infinito?
Eres hermosa, cruel y multietnica pues los españoles llegaron a conquistar por igual a tus mujeres y a tus tierras! pero de tus primeros hombres ¿que decimos? Que aun después de tantos siglos retumba entre las montañas ese: Ana karina rote, aunicon paparato mantoro itoro manto! de esos hombres cuya valentía les hacia decir que solo ellos eran gente, que aquí nadie se rinde, que solo ellos fueron valientes!
Porque te conozco, te amo! Amo lo que fuiste y en lo que te has convertido, pues aunque varios sismos han lastimado tu faz, y muchos han sido lo que bajo cientos de hombres has sufrido, sigues viéndote hermosa, compleja y altiva!
Santiago... que hasta hace tan poco fuiste la ciudad de los techos rojos, de los techos de arcilla, fuiste también la ciudad que recibió con los brazos abiertos cual amante amorosa a todos lo que en las tierras donde nacieron se sintieron perseguidos!
Quiero salir una tarde y recorrer tus sendas, tus calles de nombres singulares, únicos y sencillos! Pues si New York tiene sus calles con miles de números y Madrid las suyas con sus cientos de apellidos conocidos;
Las calles de Caracas tienen el ingenio y el amor de un pueblo por la historia que tuvo, por eventos y sucesos a veces fantásticos y cosas que consideraron dignas de no perderse en los libros de historia, en el tiempo, en el camino.
Pero como no hablar de ti, y de tu Avila, esa cercana y orgullosa montaña que todo caraqueño admira desde el primer día de su vida!, que hermoso es verte Caracas desde su cima! mirarte de lejos silenciosa y tranquila.
Quedarse quieto allá arriba y ver el gris blanquecino de tus miles de edificios desde Petare hasta Altamira! Mirar el Centro, y finalizar al Oeste con Catia, la aguerrida!
Solo se puede respetar lo que se conoce y solo conociéndote desde adentro, se puede decir que eres una ciudad hermosa, única en tu tipo! Una ciudad singular y violenta, un paraíso de las arte, de museos y de libros! Ciudad donde nacieron hombres ejemplares que liberaron naciones de América, y ayudaron a imperios lejanos a alcanzar su objetivo! Eres la ciudad que debe levantarse, la mas poderosa, la mas importante! la única que puede levantarse y señalar el camino, para que otras las sigan!

Uslar


Un escrito de amor, para Caracas.
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Santiago de León, irrespetuosa ciudad de su historia que de su pasado, incólume guarda pocas cosas. A quien te mire por primera vez le resultaras caótica, ¡y lo eres! ¿Porque engañarnos? Si has crecido sin planificación algun...
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Ella quiere en la cama
Lo que siente entre sus telas
Amor, pasión, dolor fino
Y un toque de peligro!

Quiere ser tocada
Ser tomada por la fuerza
Que le duelan los labios
Y que marquen sus muñecas!

Quiere confiar, dejarse llevar
Y en el momento final
Lanzarse al vacío
Y fieles, la cuiden, sus telas!

Uslar

Que esconde la psiquis de las chicas que practican esta danza en el aire. He aquí mi respuesta. No todas pensaran asi, pero si las vemos, inspiran confianza, peligro y belleza.
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Angelicke Tsuki

Tiempo libre  - 
 
Solo tú sabes...que él es mi secreto.
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Si ha sido seleccionada para la GRAN PANTALLA, por algo será, ¿no?
82 opiniones: 4,5/5.
ÉXITO DE CRÍTICA Y VENTAS.
http://rxe.me/FDUT1W 
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Eru

Literatura  - 
 
"Dejé mi hogar y mi familia siguiendo un ideal, me prometí devolver al verdadero Sol, regresar la gloria de la tierra que nos fue arrebatada. Desde el principio supe que habría muertes injustas, sacrificios sin sentido que recaerían en mí; sin importar qué me sucediera juré dejarte fuera de todo, usé mi poco poder para sellar tus recuerdos, pero mi empeño por alejarte fue lo que te trajo a esto. Perdón hermano, desde el fondo de mi espíritu, derrotado por el tiempo, espero que entiendas y me perdones..."
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Dejo una parte de mi ser
en la compañía de mis alegrías y tristezas
con ella termina y continúa mi existir
de quien tomando el vino
despido el ayer y recibo nueva vida.


Hablando de vinos y algo mas

http://intenciondeserpoeta.blogspot.mx/2016/12/nueva-vida.html?m=1
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Dejo una parte de mi ser en la compañía de mis alegrías y tristezas con ella termina y continúa mi existir de quien tomando el vino de...
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Elena Carrera

Tiempo libre  - 
 
 
FELIZ NAVIDAD!!
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Se atribuye a Buda la bella frase “cuando...
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. En el espacio en un bote de vela, como una canción a capella como un cielo sin suelo, desierto sin duna, una noche sin luna… . He repetido tantas veces esa estrofa que no se me sale de la c…
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Juan Guerrero

Literatura  - 
 

VIAJE INTERIOR

Siempre había gozado de sus pecados, revolcándose en la ausencia absoluta de remordimientos, dando rienda suelta a sus pasiones como si fueran - y para ella lo eran - la única verdad de este mundo, lo único real y cierto y el resto sólo sombras desdibujadas en el devenir de su propia historia.

Pero al verle llorar esta vez, para su sorpresa, la invadió un sentimiento de culpa. Y se preguntó si después de todo ella, siempre inmutable, siempre igual a sí misma, no estaría cambiando. Y ese pensamiento la llenó de excitación y angustia, como si estuviese a punto de zarpar, un día de cielo portentoso, en una pequeña barca hacia mares desconocidos.
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