lunes, 20 de enero de 2025

El Anticristo en la Casa Blanca

Esta magnífica música la compuso el gran Jerry Goldsmith para una película de 1981 llamada La profecía 3 - El conflicto final, en la que se especulaba con la posibilidad de que el mismísimo Anticristo llegara algún día a la Casa Blanca. Por fortuna, era solo ficción.

domingo, 19 de enero de 2025

Bartók por Takezawa y Tilson Thomas: sin palabras

Otro disco sensacional de Michael Tilson Thomas: Concierto para violín nº 2 de Belá Bartók con Kyoko Takezawa y la Sinfónica de Londres, en grabación realizada por Sony Classical en 1992. Solo hay un problema: no sé qué decir. Tan solo que, aunque habrá quien prefiera enfoques más viscerales, a mí me parece que lo que aquí hacen la violinista japonesa y el director californiano resulta referencial e indiscutible.

Ella no puede tocar con una mezcla más admirable de belleza y emoción, fraseando siempre de manera encendida pero dejando muchísimo espacio para el vuelo poético y el perfume magiar. Él no puede ir más allá en sentido del ritmo –algo fundamental en Bartók– como tampoco en calidez, sensualidad y en tratamiento de las texturas, sean estas incisivas o acariciadoras. La orquesta está formidable y se encuentra trabajada con pinceles muy finos. Como la toma sonora es de lujo, esta es la primera opción discográfica para acercarse a la partitura. Ah: las dos Rapsodias para violín y orquesta que vienen como complemento se grabaron al año siguiente y no son menos excepcionales en lo interpretativo.

sábado, 18 de enero de 2025

El Prokofiev irónico e incisivo del joven Tilson Thomas

No hubiera conocido este formidable disco dedicado a Serguei Prokofiev que grabó Michael Tilson Thomas al frente de la Filarmónica de los Ángeles en 1978, pero no editado por CBS hasta 1983, de no ser porque me he comprado la gran caja con que Sony rinde homenaje al hoy muy enfermo director nacido precisamente en la ciudad californiana. Por cierto, la toma es analógica pero la calidad sonora llega a deslumbrar.

Las interpretaciones son fáciles de explicar. En El Teniente Kijé el maestro acentúa los aspectos más incisivos de la tímbrica y los más irónicos de la expresión, aun sin necesidad de cargar las tintas, de caer en explosiones sonoras superficiales o el nerviosismo –pienso ahora en Tennstedt– ni de descuidar el maravilloso vuelo poético que también albergan las notas. Todo ello lo consigue mientras mantiene una impresionante claridad de texturas –la partitura se encuentra meticulosamente desgranada, siempre evitando que parezca una interpretación cerebral– y traza la arquitectura con un pulso perfecto.

Tres cuartos de lo mismo en lo que a la suite de El amor de las tres naranjas se refiere: siendo un prodigio de refinamiento, delicadeza, sensualidad y evocación poética el cuarto movimiento –a Tilson Thomas siempre se le dio de maravilla el impresionismo–, la mayor parte de la música corresponden a ese Prokofiev "gamberro" que el maestro defiende con un dominio de timbres y texturas impresionante, enorme impulso rítmico, imaginación en la agógica –atención a la celebérrima Marcha–, extroversión bien entendida, desarrolladísimo sentido del humor y unas cuantas gotas de mala leche. 

Como complemento, la más que interesante Obertura americana, op. 42 en grabación ya de 1982. En fin, me ha gustado tanto este CD que lo he escuchado dos veces seguidas. Para los aficionados a los puntos del uno al diez, 9'5 a todo el disco.

Debussy por Benedetti Michelangeli: un misterio dentro de un enigma

En vez de venir de Estambul con una alfombra, lo hice con un puñado de discos de música clásica. Entre ellos el blu-ray audio con todo el Debussy que Arturo Benedetti Michelangeli grabó para Deutsche Grammophon: Images y Children's Corner (registro en Múnich de 1971). Libro I de los Préludes (Hamburgo, 1978) y ya en digital su Libro II (Bielefeld, 1988).

Es verdad que ya había escuchado todo esto en streaming, pero tenía ganas de poseerlo en formato físico por una cuestión personal: la última grabación citada, la segunda colección de Preludios, fue uno de los primeros vinilos "de lujo" que compré. En su momento la comenté en este mismo blog, y fue esto lo que escribí:

"Se trata de una recreación de estilo ortodoxo y de enorme musicalidad, que sabe ser misteriosa sin llegar a lo vaporoso, atenta al detalle sin ser preciosista y sensual sin caer en languideces; se diría incluso que Benedetti Michelangeli gusta de mantener cierta sobriedad y de hacer gala de una tensión interna que le viene muy bien a esta música. Todo ello lo lleva a cabo, en cualquier caso, haciendo gala de un gran dominio de los recursos técnicos del piano y de una poderosa concentración, pero si algo caracteriza esta propuesta es su comunicatividad e inmediatez expresiva: el maestro deja bien claro que la ambigüedad y el carácter no poco inquietante de estas páginas, mucho antes conectadas con el mundo del simbolismo que con el del impresionismo pictórico, no implican que el pianista deba resultar distante en la expresión."

Mantengo lo escrito, pero también es cierto que el repaso a toda la colección me hace ver que, a pesar de lo dicho, en todo momento se pone por delante esa singularísima personalidad del pianista italiano que me trae a la mente eso que decía Churchill del "misterio dentro de un enigma. ¿Y en qué consiste la referida personalidad? Pues en algo así como en una asombrosa mezcla de elegancia, distanciamiento e intensidad, todo expuesto con la máxima depuración sonora.

Es justo lo que ocurre en las dos series de Images, como también en Children`s Corner, expuestas de manera portentosa: difícil tocar con mayor limpieza, con más riqueza en la pulsación y con mejor control de las dinámicas, por no hablar de la concentración y exquisitez en el fraseo. Eso sí, en la colección dedicada a su hija Chou-Chou hay que reconocer que falta un punto más de sensualidad y poesía infantil, algo con lo que el siempre austero y elegante pianista italiano no termina de sintonizar. Dicho esto, también es necesario advertir que en lugar de limitarse a ofrecer interpretaciones estáticas y abstractas, nuestro artista también desea inyectar vida, contrastes sonoros y expresivos e incluso tensión, por no hablar del espléndido sabor jazzístico de la última pieza. A la postre, una delicia.

Me queda por decir algo del Libro I de los Préludes. Pues nada, globalmente otra maravilla: tras unas Bailarinas de Delfos algo lineales, el italiano nos ofrece una interpretación que, volviendo a deslumbrar en lo que al dominio de los recursos técnicos se refiere, logra el milagro de ser al mismo tiempo ortodoxa y personal. El misterio no apuesta por lo vaporoso ni por lo preciosista, sino más bien por una estática y ambigua sobriedad en la que la tensión interna, la concentración y el sentido del ritmo –asombrosas las síncopas del último número– desempeñan un papel fundamental.

¿El sonido? Muchísimo soplido de fondo en las grabaciones de 1971, y sequedad propia de las grabaciones pianísticas de DG de aquella época en la de 1978, pero ganando en el nuevo formato en lo que a cuerpo y redondez se refiere. Yo que usted me haría con un ejemplar antes de que se agote.

Gyögy Ráth vuelve a Sevilla

Recuerdo muy bien la primera vez que György Rath se puso al frente de la Sinfónica de Sevilla: programa Gershwin en la Sala Apolo en marzo de 1991. También me acuerdo de lo mucho que disfruté yo tenía diecinueve años a pesar de que la pianista dejó bastante que desear. Tras numerosas visitas, el maestro húngaro volvía esta semana para hacer un homenaje musical a su tierra con un programa atractivo a más no poder: Los preludios de Liszt, el Concierto para piano nº 2 de Liszt con Eldar Nebolsin, el Concierto rumano de Ligeti y la suite de El mandarín maravilloso de Bartók. Saqué mi entrada en primera fila, que es más barato y me fui para el Teatro de la Maestranza. Pero no voy a escribir reseña alguna.

¿Por qué? Por lo de siempre: agravio comparativo. La directora de relaciones externas de la orquesta decidió hace años dejar de invitarme, es decir, de considerarme como un crítico más, a pesar de que llevaba siguiendo a la ROSS desde su mismísima fundación y escribiendo en ella en diferentes medios digitales desde 1998. Decisión unilateral y de la que nunca he recibido explicación alguna por su parte. Alguien, quizá de su entorno, me escribió anónimamente eso de que "no se puede invitar a un blog, porque entonces cualquiera se abre uno y pide invitaciones". Pues miren ustedes, mi blog no está precisamente recién abierto. Lleva desde 2008 y es muy leído. Y yo no soy un fulano que quiere que le inviten por todo el morro: llevo en esto de la crítica musical muchísimo tiempo, tengo infinidad de publicaciones en revistas especializadas críticas de discos sobre todo, pero también entrevistas y artículos de divulgación, he escrito no pocas notas al programa y me parece haber demostrado que sé de lo que hablo. Además, tengo un libro de Barenboim en el que perdonen la inmodestia creo que queda claro que, con mis aciertos y con mis errores, se evidencia que puedo matizar bastante entre una interpretación y otra incluso cuando pertenecen a un mismo artista.

Pese a todo, la citada responsable prefiere contar solo con otros medios, a pesar de que algunos de ellos no tengan más lectores que el mío. Hace poco tiempo una persona intentó ejercer de mediadora entre Dña. María Jesús Ruiz y un servidor. Misión imposible: ella se cierra en banda y con indisimulada animadversión hacia mi persona. "Esa barrera está ahí y no hay nada que hacer", me decía un amigo antes del concierto. Pues sí. "Hasta que se jubile, no tienes nada que hacer", me refería otro en el intermedio. Cierto, salvo una cosa: seguir protestando en este blog, que es lo que hago. Por lo demás, disfruté del concierto más que otras veces al no tener que estar pensando qué tendría que escribir al día siguiente.

jueves, 16 de enero de 2025

Adiós a David Lynch

Se nos ha ido un enorme artista. Con sus ticks, manías y pretenciosidades, ciertamente, David Lynch ha sido uno de los grandes creadores de cine y televisión de las últimas décadas. Podía haber puesto en su homenaje cualquiera de las músicas escritas para él por Angelo Badalamenti, pero prefiero escoger una escrita por el propio Lynch: "The Pink Room", de esa tremenda e infravalorada obra maestra que es Fire Walk With Me. Descanse en paz.

Bueno, vale, pongamos también el tema principal de la cinta escrito por Badalamenti. Bien que lo merece: es una auténtica maravilla.


miércoles, 15 de enero de 2025

El mandarín maravilloso de Bartók, ballet completo: discografía comparada

ACTUALIZACIÓN – 15.I.2025

La entrada original es del 16 de junio de 2022. Reviso y comento de nuevo la grabación de Boulez/Chicago y añado los dos vídeos del maestro francés, así como los CD de Rattle y Slatkin. Al final de la lista, un vídeo con Ivan Fischer que termina siendo opción número uno, no por él sino por la coreografía.

____________________

El mandarín maravilloso es una de mis obras sinfónicas favoritas. Para mi desgracia y la de todos los amantes de ese enorme genio que fue Béla Bartók, la mayoría de los directores optan por grabar la suite y no el ballet completo, seguramente por una razón de lo más prosaica: se ahorran el coro, cuya participación en el final es tan breve como decisiva. Vayan aquí algunas versiones de la versión íntegra; en otro momento hablaremos de la suite.

 

1. Boulez/Filarmónica de Nueva York (Sony, 1971). El compositor y director francés no solo ofrece el sentido de la arquitectura, la precisión rítmica y la claridad en él esperables, sino también, ya desde un arranque de enorme virulencia, esa expresividad –incluyendo no solo el sentido de la ironía, sino también el vuelo lírico– que no suele considerarse como su punto fuerte. Escúchese para romper todos los tópicos, por ejemplo, cómo las cuerdas cantan angustiadas durante el crescendo con coro. Lástima que la orquesta no sea mejor, aunque el maestro extraiga de ella un partido admirable. Tampoco la toma, originalmente cuadrafónica, es ninguna maravilla. El reprocesado en alta resolución sigue sonando mate, pero otorga el merecido relieve a los sonidos graves: el bombo, fundamental en esta obra, es de impresión. (9)

 


2. Dohnányi/Filarmónica de Viena (Decca, 1977-79). Aunque un arranque particularmente “ruidoso” –en el buen sentido– haga pensar que nos vamos a encontrar ante una interpretación expresionista ante todo, lo cierto es que el aún joven maestro demuestra utilizar un trazo muy fino y poseer una elevadísima sensibilidad para el refinamiento en las texturas, la variedad en el color y las sutilezas en el fraseo, sacando un enorme provecho de la incomparable belleza sonora de la orquesta sin dejar de hacer que esta, cuando le corresponde, se transforme por completo para ofrecer grandes dosis de aspereza e incisividad. Falta, quizá un punto de magia e inspiración en algunas frases, pero el nivel es extraordinario. La toma sonora ofrece una amplísima gama dinámica. (9)

 

 

3. Abbado/Sinfónica de Londres (DG, 1982-83). El milanés todavía en su mejor momento dándonos una lección no solo de técnica –asombroso el manejo de la paleta tímbrica, de los ritmos y de las tensiones– sino también de convicción expresiva, sabiendo moverse como nadie entre lo sórdido, lo irónico, lo misterioso y lo desgarrado, lo que significa desplegar tanta fuerza bruta como concentración y vuelo lírico, pero también no dejarse llevar por el efectismo ni el descontrol. Todo está aquí increíblemente bien medido, a lo que no es ajeno el talento de los músicos de una orquesta en plena forma. Participación de lujo de los Ambrosians Singers. La grabación, curiosamente, se realizó en dos locales y en dos años distintos. (10)

 

4. Dorati/Sinfónica de Detroit (Decca, 1983). Solo un año después de la interpretación de Abbado nos llega esta, no tan bien grabada como aquella a pesar de las cosas que hacían por entonces los ingenieros de Decca, que se pone casi a la altura interpretativa de la del milanés por idioma y convicción. El “casi” se debe a que Dorati no llega a ofrecer la extrema garra dramática y la trepidante inmediatez expresiva de su colega, si bien ofrece un sentido tímbrico más sensual que pone de relieve el parentesco de esta obra con el impresionismo; alcanza quizá unos clímax más atmosféricos, densos y opresivos. Flojea un poco el final, a partir de la sección coral: la concentración y el misterio podían ser aún mayores. (9)

 

5. Boulez/Filarmónica de Viena (Medici TV y YouTube, 1992). Esta filmación del Festival de Salzburgo nos trae todavía al Boulez eminentemente expresionista de su grabación con Nueva York veintiún años anterior –va incluso más rápido: antes eran 31’ y ahora solo 30’40’’–, solo que con una orquesta aplastantemente superior a aquella, nada menos que una Wiener Philharmoniker a la que hace sonar con una incisividad y una fiereza desacostumbradas en ella. Por lo demás, el maestro francés hace gala un tremebundo sentido del ritmo y sabe hurgar en los aspectos más inquietantes de la música sin perder el control de la forma. Un prodigio, en definitiva, en el que solo hay que lamentar una calidad de imagen y sonido muy inferiores a los estándares de la actualidad. (10)


6. Rattle/Sinfónica de Birmingham (EMI, 1993). No hay genialidad alguna -el maestro británico nunca ha acostumbrado a ofrecerlas-, pero lo cierto es que Rattle derrocha aquí su incuestionable talento al tiempo que demuestra una enorme sintonía –piensen en el Concierto para piano nº 2 junto a Lang Lang– con la música de Bartók. La violencia y la incisividad están ahí sin necesidad de forzarlas, hay misterio sin necesidad de romantizar la música, el fraseo respira como es debido, la narratividad se encuentra a flor de piel y el buen gusto impera en todo momento. Un modelo. (9)


7. Slatkin/Sinfónica de Saint Louis (RCA, 1993?). Hay nervio, garra y vistosidad en esta interpretación. También hay teatralidad y un desarrollado sentido del descaro tímbrico: el maestro norteamericano no se corta precisamente a la hora de poner en primer plano metales y percusión. El problema es que con frecuencia confunde la electricidad con la precipitación –repárese en la célebre danza con que se cierra la versión de suite orquestal–, la violencia con la brutalidad, la personalidad con el rebuscamiento en la agógica y la brillantez con el numerito de cara a la galería. La orquesta le funciona de maravilla, pero no está en modo alguno tratada con la claridad de un Boulez: el francés sí que sabía combinar la violencia con un tratamiento meridiano de los planos sonoros. Sensacional la toman en la que hay que destacar los increíbles los graves y una amplísima gama dinámica. (8)


 

8. Ozawa/Sinfónica de Boston (Philips, 1994). El maestro de origen oriental y los suyos se deciden a grabar la versión completa, pero sin aportar mucho más en lo interpretativo con respecto a su registro anterior de la suite. Quizá ahora haya una mayor dosis de aspereza, particularmente en el tercio final antes no abordado. El chasco viene por parte de la toma, con mayor amplitud dinámica que la realizada para DG, pero bastante plana en lo que a relieve de planos sonoros se refiere. (9)


9. Boulez/Sinfónica de Chicago (DG, 1994). No fue Boulez un director que modificara mucho sus planteamientos desde la era analógica a la digital, pero a partir de su contrato con el sello amarillo a principios de los noventa fue poco a poco suavizando su tendencia expresionista para abrirse más a la atmósfera, el misterio y la abstracción. Precisamente este Mandarín, aun no muy distinto del de dos años atrás en Salzburgo, pierde un poco de electricidad y potencia expresiva para hurgar, con ayuda de tempi algo más lentos (31’54’’ frente a los 30’40’’ con Viena) en aquellos recovecos de la partitura que quedaban por explorar. Como la orquesta es la idónea para sus fines y la toma de sonido un verdadero prodigio, el resultado es una grabación de indispensable conocimiento. (10)


10. Nagano/Sinfónica de Londres (Erato, 1997). Ya desde un comienzo especialmente intenso, rabioso y explosivo, Nagano deja bien claro que la suya va a ser una interpretación de corte expresionista, áspera a más no poder, implacable en su sentido del ritmo, pero poco a poco también hace gala de una buena flexibilidad, de capacidad para recrear atmósferas y de una gran inteligencia a la hora de narrar la historia, e incluso de buscar la onomatopeya, todo ello sin desatender la claridad ni la riqueza en el color. Lástima que la toma, aun de notable calidad, resulte algo seca. (9)

 

 

11. Chailly/ Orquesta del Concertgebouw (Decca, 1997). Un prodigio en todos los sentidos: tensión interna, sentido del ritmo, riqueza de color, tratamiento de las texturas y, sobre todo, expresividad en cada una de las frases y de las intervenciones solistas, las de una Concertgebouw en estado de gracia y admirablemente recogida por los ingenieros de Decca. Puede que algún pasaje se haya escuchado aún con mayor inspiración en los registros de Boulez, Abbado o Dorati, o en las espléndidas suites grabadas por Solti, pero al maestro milanés, visceral en alto grado mas no precisamente desatento a la sensualidad ni el misterio, mantiene casi siempre el listón en lo más alto, particularmente en los tres sucesivos intentos de asesinato del mandarín, recreados de manera magistral. (10)

 

 

12. Alsop/Sinfónica de Bornemouth (Naxos, 2004). Obteniendo aceptable partido de una orquesta discreta, la directora neoyorquina va más allá que Ozawa recreándose en una atmósfera y una sensualidad netamente impresionistas, lo cual estaría muy bien si no fuera porque hay pasajes resueltos con más escándalo de la cuenta y el final con coro dista de ofrecer la magia poética deseable. Muy decepcionante la toma sonora: lejana, difusa y con graves exageradísimos –al menos en SACD–, la que nos hace pegar un respingo –y obliga a bajar el volumen– cada vez que el bombo cobra protagonismo. (7)


13. Boulez/Filarmónica de Berlín (Medici TV, 2010). Boulez termina su recorrido por esta partitura con tempi considerablemente más amplios que en las ocasiones anteriores (33’28’’, tres minutos y medio más que en su antiguo registro para CBS). El no va más en claridad, claro está, lo que en esta obra es importantísimo. Pero también es verdad que también lo son el nervio y la acción dramática, lo que significa que muchos melómanos preferirán el enfoque mucho más inmediato de sus interpretaciones con Nueva York y Viena. Da igual: lección magistral sobre la partitura, en perfecta sintonía con una orquesta excepcional que toca con una depuración sonora extrema. El único reparo serio es que la parte del coro ha sido reemplazada. Toma de sonido e imagen muy superiores a las de la filmación en Salzburgo, aunque sin alcanzar la calidad alucinante del CD de Chicago. (10)


14. Salonen/Orquesta Philharmonia (Signum, 2011). El maestro finlandés ofrece, lidiando con la siempre complicada acústica del Royal Festival Hall, una interpretación particularmente afilada, nerviosa y virulenta, por momentos más aparatosa de la cuenta, circunstancia que se ve subrayada por el deseo de la batuta de contrastar semejante visceralidad con algunos pasajes resueltos de manera particularmente misteriosa. El resultado es muy vistoso y atractivo, aunque también algo superficial. La toma ofrece amplia dinámica y una percusión bien presente. (8)


15. Iván Fischer/Orquesta del Festival de Budapest (YouTube, 2017). Esta interpretación es especial. Orquesta y director se encuentran sobre el escenario, pero se deja un espacio para que unos excelentes bailarines desarrollen una coreografía de Krisztián Gergye sensacional: hermosa, muy expresiva y absolutamente fiel a la dramaturgia original. Quien quiera saber “de qué va esta música” en lo que al argumento se refiere, aquí tiene la solución a sus interrogantes. La interpretación musical es notable: muy bien dicha, irreprochable en el idioma –lógico– y particularmente atenta a os aspectos más curvilíneos, atmosféricos y sensuales de la música, aunque –también era de esperar– más artesanal que otra cosa y a veces algo floja en las tensiones. En cualquier caso, opción número uno para quien se acerque a la obra por primera vez, como también para quienes no la terminan de disfrutar. (8 interpretación musical – 10 coreografía)

El Anticristo en la Casa Blanca

Esta magnífica música la compuso el gran Jerry Goldsmith para una película de 1981 llamada La profecía 3 - El conflicto final , en la que s...