Ahora que estamos iniciando de nuevo el proceso de mudanza, y además sacando de sus cajas, cajones y escondrijos los chales, cuellos y bufandas, me he dado cuenta -así como quien inventa la rueda en pleno siglo XXI- de que tengo muchos, no se si demasiados, pero muchos, sin duda.
Pero, ¿quién lleva la cuenta? ¿a quién le importa? Tejer chales es una de las cosas más divertidas que hay: las posibilidades son inmensas, no hay casi riesgo de equivocarse de talla, abrigan, son bonitos… ¿qué más se puede pedir, aparte de un armario inmenso e inviernos fríos?
Un chal que ha pegado fuerte en los últimos tiempos (en la comunidad tejeril, me refiero) ha sido el Waiting for rain, de Softsweater Knits. Se trata de un chal tejido en punto bobo con trozos de encaje insertados de forma que parecen desgarros de encaje en el tejido. Muy original y divertido de tejer, no me extraña nada que a día de hoy haya casi 2000 proyectos publicados.
Yo me tejí el mío con una madeja de Manos del Uruguay Marina color denim, regalo espontáneo del señor de la casa.
Otra cosa de la que también llevo muchos (aunque de estos no pierdo la cuenta) es años. Hoy cae otro más y para celebrarlo me voy a dar un paseo otoñal de los que hacen historia… ¡Feliz lunes!










